El dinamizador, un sprinter por la comunidad

 

Ahí estas tú, frente a un grupo de personas que, posiblemente, sepan mucho más que tú del tema sobre el que vas a dinamizar. Posiblemente no se conozcan entre ellos. No saben muy bien qué va a ocurrir. Y ahí estas tú, el dinamizador. Ves en sus caras expectación, escepticismo, curiosidad: es el momento de hacer magia. Trabajo duro, método y ensayo son los ingredientes principales, además de tu empatía y tu capacidad de comunicación.

Tu misión es lograr que esas personas colaboren, compartan, intercambien, argumenten, reflexionen y, finalmente sean capaces de crear algo que antes, simplemente, no existía. Y todo eso en, aproximadamente 15 minutos. Tendrás que ocuparte de que todos hablen, de que se sientan cómodos, de que rompan sus barreras, de que se apasionen y se entusiasmen. Te da igual el puesto que cada uno ocupa en su profesión, su edad o cualquier otra cosa que no sea su rol como creadores. Hablas, guías, preguntas, bromeas… Tu mente trabaja deprisa pero sin perder detalle. Atento a los tiempos, al relato que se va construyendo. Los minutos van cayendo y cuando tu compañero te hace una señal -“2 minutos”- empiezas a cerrar el embudo: lo has vuelto a conseguir.

Ahí estás tú, has creado un equipo, y el equipo a creado una idea nueva, algo que no existía. Eso es arte, sí señor, y trabajo, ensayo y pasión. Eso es dinamizar: un sprint de liderazgo al servicio de la comunidad. Mañana, de nuevo, más ensayo, más trabajo y nuevas herramientas.

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